martes, 16 de agosto de 2016

4; Colilla

De alguna forma se me hace hermoso. Ver cómo el cigarro se consume gracias a todo lo que le rodea. Y es que él no elige estar presente en ese mismo instante, pero nosotros le obligamos a permanecer ahí. Entonces, junto con nuestras caladas, con la brisa del viento o incluso otros factores como el agua, el cigarrillo se agota. O se rompe, o se vuelve inservible. ¿Seremos cigarros que acaben mojados, consumidos o tirados a la basura intactos por error? Pero qué más da, es sólo un piti, por llamarlo de alguna forma que me haga parecer guay.
Tiro la colilla aún encendida a una alcantarilla, y si agudizo el oído puedo oír como cae al agua. La calle está solitaria, la luz de las farolas me indican el camino a casa pero sin embargo no me dejan ver las estrellas. No se escuchan pájaros, ni signos de vida humana. Todas las puertas cerradas y todas las ventanas con las luces apagadas, solo el sonido de mis pisadas y un último hilo de humo que se escapa de mis pulmones.

Meto la llave, abro el portal de mi bloque de pisos, subo las escaleras hasta la planta número seis, excuso de nuevo la reparación del ascensor que ya lleva varios meses de retraso con que así hago un poco de cardio. Llego a mi puerta, vuelvo a introducir una llave, me equivoco y lo intento con otra. La bombilla está fundida y ningún vecino tiene ganas de cambiarla, porque por suerte una farola alumbra el pasillo por la ventana. Abro, cierro, me quito los zapatos. Cuelgo el abrigo en un perchero y enciendo luces conforme las voy necesitando. Primero, un vaso de agua en la cocina. Segundo, plantar un pino. Tercero, mirar mi cara de circunstancia en el espejo, la cual parece cansada. Las facciones de mi cara han cambiado y ahora parecen mucho más flacas. Ojeras que no me molesto en ocultar y una mirada desconcertada. La pelusilla que me sale en la barbilla y los lados de la cara que debería afeitar. El pelo descuidado de un marrón maltratado y lo único que sigue intacto, un tatuaje donde pone fear me encima de la ceja derecha.
Por cierto, de postre, me tomé los minutos que me faltaban por ver de La Quinta Ola, y ahora comprendo por qué me quede dormido.

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